Blogia

Audrey, cadela

Cahorros con Audrey

Arturo con camada

Arturo con camada

Se ve que los cachorros lo enternecieron porque estuvo hablándonos casi 2 horas sobre técnicas de ligoteo. Divertido e instructivo, eso sí.

Vídeo de los cachorros

Yo, con el biberón

Yo, con el biberón

Al principio un poco de ayudita para la madre, ahora ya lo tiene controlado y se encarga ella de todo y de todos.

Los padres de damián

Los padres de damián

Josefa y Eduardo no se quisieron perder a los recién nacidos a pesar de que nietos, de los de verdad, tienen unos cuantos y no es que les sobre el tiempo.

Celia con camada

Celia con camada

Celia, hacía tiempo, pero cómo se le caía la baba...

Perozo y Comesaña con canijos

Perozo y Comesaña con canijos

Pues son los dueños de "La Dehesa", que está debajo de nuestra casa, y tienen una perrilla como Audrey, algo más clarita, a la que castigan de pie y mirando a la pared cuando hace alguna trastada gorda. Lo malo es que, en esa situación, son incapaces de mantenerle el castigo porque se parten de risa, es para verlo, y Canela, claro, mueve el rabo y todo arreglado.

Miguel con camada

Miguel con camada

Y algo de prisa tenía ese día, de ahí el careto tan serio. Nos dejó una balanza moníiiiiisima que había comprado en la Oca, toda retro, oyes. Y coñas aparte, la usamos todos los días para anotar la evolución de los enanos.

Moncho con camada

Moncho con camada

Hasta Moncho, amigo de Audrey desde la primera vez que entré con ella en la gestoría donde me llevan el papeleo de la empresa, se acercó a la clínica veterinaria para ver a la feliz mamá y los siete fieras en su primera revisión.

Silvia y Jorge

Silvia y Jorge

Haciendo el ganso para entrar bien en la foto con toda la jauría

Lucía compadeciendo a la pobre madre

Lucía compadeciendo a la pobre madre

Y sabe de lo que habla, que ella tiene tres!!!

Kevin con cachorro

Kevin con cachorro

Kevin, el hijo mediano de Lucía.

Bernal con enanos

Bernal con enanos

El hijo mayor de Lucía.

Gael con camada

Gael con camada

El hijo pequeño de Lucía alucinando con los cachorros y lanzándome puñados de preguntas. Por donde salieron de la barriga, por qué tiene tantas tetas.... en fin: Gael.

Mary con camada

Mary con camada

Tras compartir las 12 horas de parto, un día de calma con Audrey y sus canijos.

Camada con Fran (veterinario)

Camada con Fran (veterinario)

Fran, el veterinario, con Audrey muertita y los enanos recién nacidos.

Al día siguiente, tocó revisión

Al día siguiente, tocó revisión

Aquí está Fani, la veterinaria, feliz al comprobar que todos seguían estupendamente.

Cachorro recién nacido

Cachorro recién nacido

... y mi mano no es tan grande. Fijaos en el apaño que le hicimos con el cordón umbilical. En la clínica (la García Barbón de Vigo que os recomiendo encarecidamente) le arreglaron la desfeita.

La última en nacer

La última en nacer

Dada la odisea que os conté en el anterior artículo, entendereis que la última en nacer se llame Fani, como la veterinaria

Audrey ya es mamá

Audrey ya es mamá

Siete, nada menos, 7 enanos como ella, hasta del mismo color. El parto fue terrible y sin clases de preparación ni nada. 12 horas de jadeos, dolores, desconcierto, temblores y agotamiento para la asombrada mamá. Cuando salió el primer cachorro la pobre no entendía nada. Me metí con ella en la piscina (literalmente pues le había preparado el paritorio dentro de una piscina hinchable al lado de la cama) y abrí membranas, con la veterinaria al teléfono en manos libres, un novio preocupado por temor a que Audrey rechazara a su progenie si yo la tocaba y una amiga, Mary, iluminando con la lamparita. Eran las 23:45 horas del 28 de julio.

"Abre, abre todo bien, que respire" decía fani al otro lado del teléfono. "Pero es que aún tiene la cabeza dentro -respondí-. Ah, ya sale. Es que empujó un poco pero lo dejó colgando".

Fani (veterinaria): Tú tranquila, cuando veas la cabeza rompe las membranas.

Yo: Creo que esto es... sí, tiene la boca, las rompo.

Y salió Loxo, bueno, en ese momento ni sabíamos como era, pero abrió la boca como un león mientras colgaba de su madre.

Yo: no sale del todo.

Fani: mete la mano despacio y dime qué notas

Yo: creo que es el cordón, tiro?

Fani: sin miedo, con calma

Yo: ¡Sangra, sangra mucho!

Fani: No pasa nada, es que se rompió el cordón. Apriétalo con los dedos y átalo como a 1 cm del cachorro.

Yo: una cuerda, algo!

Mi novio viene con un cordón muy mono que yo había comprado para encuadernar un trabajillo en plan artesano y así, cual chorizillo, mi amiga Mary lo ata. Por si las moscas dejamos que sobre algo de hilo, bueno, la verdad, lo que sobró era casi tan grande como el cachorro.

Yo: Ya está

Fani: Dáselo a la madre

Se lo acerco a Audrey y ella pega un respingo asustada, "sácame de aquí este ratón o lo que sea", debe pensar. Le digo que es suyo y se lo piensa un par de segundos antes de olerlo. Una breve olfateadita y listo, es suyo y sólo suyo, lo lame con fruicción, hasta temo que lo desnuque.

Fani: Está bien, lo está estimulando

yo: Pero le pega unos meneos..

Fani: Déjala, ahora ya sabe.

El cachorro cabecea, respira, se mueve espasmódicamente y de alguna manera consigue reptar hasta el pecho de su madre.

Yo: está mamando

Fani: ¡perfecto!. Ahora tienen que ir naciendo los demás, si ves que pasan 2 horas sin que nazca ninguno llámame enseguida.

Y nacieron 3 más, al segundo (luego supimos que era una hembra) la madre no le hizo mucho caso porque el tercero llegó pronto y se centró en los más fuertes. Tengo que estimularlo como me dijo la veterinaria, asusta, espero que no se rompa.

Damián no soporta la presión y sale del dormitorio un buen rato para no ponernos más nerviosas. Cuando vuelve está a punto de nacer el cuarto. Audrey ya es entonces una super-mamá experta. Y todos respiramos tranquilos.

Una tregua, lo peor estaba por llegar.

La madre dió teta a todos, pero pasó hora y media, y cuarenta y cinco, y cincuenta y cinco. Faniiii socorrooooo.

Fani: (al teléfono, 3 ó 4 de la madrugada). Pero ha tenido contracciones?

Yo: no sé, algo, pero muy poco y muy leve.

Fani piensa unos segundos, me dice que esperemos un poco más pero se va preparando para ir a la clínica. No sale, no contracciona.

Yo: Vamos para allí, te recogemos?

Fani: mejor, no tengo el coche

Fani vive cerca de la clínica. Y nos espera en el portal de su casa. Llegamos, se mete en el coche y de camino va reconociendo a la madre y su prole.

Fani: está agotada, seguramente tiene extenuados los músculos que provocan las contracciones. Primero vamos a hacer una radiografía para confirmar cuántos quedan dentro.

Ya en la clínica Fani llega con la placa, hay 3 más. No es muy partidaria de darle la medicina para provocar contracciones, pero si no queda más remedio. Dice que a las mujeres se la dan con demasiada alegría. Le hace una ecografía para comprobar que los fetos están bien y medir sus pulsaciones.

Fani: podemos esperar un poco más, si en 10 minutos no sale voy a tener que ponerle la medicina para provocar contracciones.

Pasan 10 minutos y nada. Mientras hemos estado hablando de cuántas placentas había expulsado Audrey.

Fani: voy a pincharle una dosis pequeña a ver si hay suerte y no tengo que ponerle el resto.

Y voilá, nace 1 y otro.

Vuelta a esperar porque queda uno más. Fani ya ha arreglado bien todos los cordones umbilicales y auscultado a la madre. Le sobró tiempo para comprobar que los cachorros estaban sanos y explicarnos como se sabía.

Fani: tienen que tener el instinto de mamar y el cabeceo. ¿veis?. Chupan perfectamente y si pones la mano cerrada con un hueco intentan meterse por él. Eso es muy bueno.

Seguro que se me quedan mil cosas en el tintero. Fani tuvo que meterle otras dos dosis de la cosa esa de las contracciones a Audrey, pero la pobre, verde por los restos de placenta y dormida no tenía fuerzas, también un gotero con calcio, pero nada. Cuatro cachorros mamaban de ella mientras los dos últimos estaban en la incubadora con calorcito y dosis extra de oxígeno.

Dos horas y nada. Era por la mañana, Fran, el otro veterinario llegó a la clínica mientras Fani hacía la segunda ecografía de la noche. Fran vió el percal y directamente preguntó el peso de la perrra para preparar la anestesia.

Fani medía el estrés fetal de nuevo. Viendo a mi perra yo quería aguantar todo lo posible a ver si se obraba el milagro y le evitábamos una cesárea. Conocía los riesgos, pero estaba casi dispuesta a evitarle el tener que dar de mamar a 7 fierecillas con el dolor de la operación. Fani me repitió que con cesárea se salvaban madre y cachorro.

Terminó la eco, después de los cálculos decidió que le podíamos dar unos minutos más. Ya la habíamos estimulado para provocarle contraccciones manualmente también, pero no tenía fuerzas. Audrey, de nuevo en la cuna con sus seis retoños, me miró.

Yo: quiere salir a hacer pis. ¿puedo sacarla?

Fran: deja que lo haga aquí

Yo: Es que no mea en casa ni de coña, y creo que se muere de ganas.

Fani: pues sácala, pobriña.

Fran: Lo voy preparando todo para la cesárea por si acaso.

Audrey y yo salimos a la calle y efectivamente, se moría de ganas.

Volvemos, parece más animada, bebe litros de agua y vomita una barbaridad.

Se tumba de nuevo con los cachorros que siguen mamando.

Yo: Nada. Hay que hacerle la cesárea no?

Fani: Si quieres salvar al cachorro... a ver, le hago otra ecografía y vemos si se puede esperar más.

Fani comprueba que el feto empieza a estar en serios apuros. La cosa está clara. Vamos a hacerle cesárea. Me da pena Audrey pero me aseguran que la recuperación será rápida. Le podemos ayudar dando biberón a los cachorros, aunque lo ideal es que mamen de su madre.

Audrey vuelve a ponerme ojitos. La saco de la cuna. De nuevo bebe y vomita. Bueno, mientras preparais el quirófano salgo con ella otra vez. Fran ya tiene todo listo. Audrey y yo salimos "al baño". Me muero de ganas de fumar. Hace un pis y se va trotando deprisa por la calle. Es un lugar tranquilo y no hay nadie. Excepto Fani, que le está contando a su novio por teléfono el trajín de la noche, emocionada. Audrey se agacha para hacer caca y de pronto: Fani, Fani ven, está naciendo, lo tengo en las manos. Fani viene corriendo, coge al cachorro y trabaja, eso sí, muy sonriente.

Entramos. Aparece Fran, contentísimo al ver que no hace falta la cesarea. Y todos nosostros ni os cuento.

A las 11,17 minutos de la mañana del día 29 llegamos a casa, con Audrey y siete enanos chupópteros enganchados a sus pechos.

Lo de estos días, las miles de fotos y toda la gente que ha venido a verlos, cómo ella les ha dejado coger a sus cachorros con confianza y cómo alejó a los gatos y otros animales os lo cuento otro día. Aún estamos cansados. Contentos, babándonos como imbéciles y dejando de mirarlos sólo para trabajar, comer e ir al baño. Los cientos vídeos, cómo cambian cada día. La báscula que nos prestó Miguel para pesarlos. Toda la gente del barrio preguntando por Audrey y sus bebés, las decenas de mensajes de felicitación...

En fin, otro día. Ahora sólo daros las gracias. A los que habeis venido, a los que habeis llamado, a los que habeis escrito y sobre todo a Mary, que se pasó la noche de parto con nosotros, a Damián, que me cubrió con una manta cuando en un momento me quedé casi dormida junto a la cuna de Audrey en la clínica, tiradita en el suelo y algo congelada. Y más que a nadie a Fani, por su dedicación, cariño y entusiasmo. Por su enorme paciencia, la noche sin dormir y por esperar. Sabemos, por desgracia, que muchos veterinarios en su lugar hubiesen hecho la cesárea nada más llegar a la clínica y en horita y media estarían de nuevo durmiendo en su casa. A Fran, el boss de la clínica que, como siempre, trató a Audrey y a su histérica dueña con una exquisitez y delicadeza de la que ya podría haber más en el mundo. A Marta, la auxiliar de la clínica, que nos mimó a perros y humanos y tuvo que fregar lo indecible despues de tantos vómitos y placentas y preparó el primer biberón para ayudar a la exausta mamá con sus tareas.

De parte de Audrey, y de todos nosotros, gracias.